Paranoia

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El ruido de la ciudad se desvanece lenta y progresivamente, la bruma invade cada rincón, camino sin afán por la calle Vittorio en la vieja Roma y todo empieza de nuevo, como en casa. Ya no estoy en casa, he venido sola.
¡Realmente estás sola!
Vine a buscar respuestas.
No tenías que salir a buscarlas en Roma.
Incluso aquí me siento insegura, siempre me siento insegura, ¡puedo morir!
Todos vamos a morir, ¡tonta!
Tal vez me resbale y caiga.
¿Llevas calzado adecuado? Aquí transitan miles de turistas todos los días.
Alguien me sigue, seguro quiere mi celular.
Es una vía principal, ¿esperabas que estuviera desierta a las 6 de la tarde? ¡Vamos es Roma! Es un turista ¡Deja la paranoia!
Tengo frío, voy a enfermar.
Empieza a caer la noche, solo abrígate.
No me digas qué hacer, estoy harta de ti, ya vete.
Sabes que no puedo irme.
Mira esa odiosa mujer, me está señalando, quiere atacarme.
¡Es tu reflejo en la vitrina, idiota!

Icaro

cuento