Contestaciones. Cuarta Parte

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Todos los bordes

8 de diciembre de 2019

5:33 pm.

Sentado en una banca lejana te he visto esperando-me. Sin darme cuenta, he grabado tu nombre sobre la madera curtida con la uña. Sin darme cuenta, te he estado esperando. Sabes que fumo a oscuras para jugar a las luciérnagas de fuego que crean ciempiés de humos. Y mis dedos que dibujan formas en el aire con la capa espesa que se va formando con cada exhalación, dibujan bocas diáfanas, todas iguales. Todas tuyas.

Acá también hay una taza de café atrincherada por las colillas que van quedando, y veo que te ha quedado de costumbre esta bebida negra y amarga. Quisiera verte otra vez después del paso del tiempo para saber un poco más de mí. ¿Qué extraña manía habré robado de ti? Ahora cada cosa que hago me parece que venía conmigo desde antes (de conocerte); hasta sujetar las manecillas del reloj para ver si el tiempo se detiene. Pero ya no sé si eso lo aprendí de ti o tú de mí, porque te recuerdo haciéndolo los domingos en la tarde cuando la vida se pone más desalentadora e insulsa.

Alberto Cienpasos

16 de diciembre de 2019

5:08 pm.

Me pregunto cada vez más: ¿Por qué hablas de mí como si fuera un reflejo tuyo? Creo que tú y yo no somos parecidos. Ahora olvido lo que he conocido de ti, me parece una mentira. ¿Cómo puedes saber qué hago los domingos en la tarde? ¿Cómo lo presumes? Ciertamente, además de los cigarrillos, los pensamientos o impresiones que tienes de mí, están atrincherados al borde de la cama; al borde del escritorio; cenizas viejas caen una sobre otra como asbesto tóxico; al borde de todos los bordes. Tu humo solo dibuja figuras pasajeras que dejarás pasar. Siento que tus cambios rotundos no los puedo consumir. No puedo seguir sacando actitudes sorpresivas cada vez que inserto el dinero en la máquina y escojo algún número: 13D, 28N, 3oc, 27oc; cada número arroja un producto de un paquete vacío. Ya no sé qué hallar de ti. 

Eres el principio de todos los bordes…

Liu Cartori

16 de diciembre de 2019

11:47 pm.

Es cierto. Cada palabra que usas es tan precisa que no cabe duda que proviene de ti. Intento creer que la persona que escribe es alguien más cercano a la que dibujo en el aire. Eres una ilusión, una sombra sin cuerpo; parte de lo inmaterial proviene de tu nombre y de la nada que yo he pintado. La nada, no porque no seas, sino porque no eres lo que yo imagino, esa fantasía. No diré rotundamente que no podrás hallar algo en mí, alguna vez. Falta con esforzarse un poco. Tampoco te aseguro que me encuentres. Yo mismo ando en mi mundo extraño, dentro de uno todavía más esquivo que me mira con recelo. Nos odiamos.

En la orilla solo tienes dos opciones: saltar o retornar algunos pasos para ver desde lejos lo que de ella asoma.

Alberto Cienpasos

19 de diciembre de 2019

9:16 pm.

Ese mundo que eres, algo he percibido desde la distancia. Siento tu aire que hace juego con mi cabello, con mi bruma, con mi asombro hacia una vida incierta. Una vida que, desde la fantasía, se acerca hasta la orilla y salta. ¿O no es fantasía? Siento que mientras caigo, porque es mejor lanzarse al vacío que procurar observar desde la distancia, solo para medir con los dedos y los ojos medio cerrados, me acerco a un borderline de todos tus bordes; uno lleno de locura, donde divago entre tus extrañezas. A veces creo que me las invento, como he inventado el paraje de otras orillas. Pero, lo único que sé, es que tus bordes, todos tus bordes, son reales. Esa fantasía en la que a veces nadamos, como hundiéndonos entre un azulejo que ahoga y hunde, es solo un escape. Al salir del agua, y llegar al otro extremo de la orilla, podemos tocar la realidad (ese lugar profundo que siempre estuvo ahí); y por más artificios que inventemos, no podemos negar la existencia del otro, cuando un día sonreímos a un reflejo invisible. Desde el principio estuvimos ahí. Los hombros juntos, las manos rozándose levemente en mesas compartidas. Solo que tú no te diste cuenta.

Liu Cartori

19 de diciembre de 2019

9:29 pm.

Estuve esperando con tal desespero su respuesta, que sentí que el invierno se adelantaba al mes de septiembre y la primavera nos llegaba en diciembre. Le hablo desde la locura cuando le digo que no soporto la impaciencia que me obstruye el juicio mientras espero sus contestaciones, frías, con aroma a un cierto olvido y noches de sueño. Yo no duermo bien, me despierto tantas veces esperando encontrar una luz azul fría que se filtre por la ventana para saber que ya es mañana y revisar si en la bandeja de mensajes hay uno con su nombre. Hasta cinco intentos por dormir y despertar de día hago desde que respondí a su última carta mezquina. ¿Ya no le importa? Y disculpe si le escribo en este tono, le hablo desde las entrañas y la angustia por saber que sigue al otro lado, viva, muy viva y con el olor intacto. Antes de que llegara su mensaje, veía las luces en el cielo de todos los colores de los fuegos artificiales. Por un momento pensé que serían bengalas suyas; era esa esperanza de que me llamara de todas las formas. Pero ya requisé las palomas y las lenguas, y en ninguna encontré un mensaje, hasta ahora.

Alberto Cienpasos

19 de diciembre de 2019

9:41 pm.

Entiendo el tono. He tenido dos intentos de respuesta, pero quería ser precisa o, al menos, no perder el hilo. Esto me importa más que otras palabras, te confieso que también pienso en las contestaciones de noche. No duermo ni como bien. Solo pienso en qué contestar. A veces reviso las respuestas de antes. Me da angustia llegar a casa y saber que mis palabras no han sido claras desde septiembre, cuando creo que te conocí bien. 

No he dicho lo suficiente y siempre llego tarde. Tengo palabras atragantadas, solo esperaba el momento apropiado para decirlas y para no caer en el error. Y así dejé pasar los meses… 

Siempre estás ahí en mis pensamientos, en esos momentos cuando sueño despierta. No quería ser inoportuna. Por eso contesto en ocasiones, cuando creo que no te molestarán mis mensajes. Son estos, los únicos mensajes que añoro y preservo entre mis documentos. 

Perdón si fui ajena, es uno de los infortunios de ser yo. El miedo de irrumpir la distancia, de acercarse, ha vivido conmigo desde el momento de crianza, construyendo así, un carácter: mezquino, tosco, silencioso. 

Este aroma, un aroma que no sé cómo percibiste. Pensé que nunca lo habías sentido…

Tu angustia, es mi angustia; esa angustia extraña y hasta absurda (me rio de mí) de no importunarte. No quiero llegar cuando no sea el momento, y tampoco quiero que siga pasando el tiempo, y se me escape, se deslice como esos bocados de comida que ya probamos, pero no volvemos al mismo lugar, como esos recuerdos que son tan nulos que no sabemos si los inventamos. No quiero ese lugar, ese estado de la consciencia. Prefiero, una inconsciencia en tus palabras. No quiero inventarte…

Desde que lo conozco, siento que los momentos se han tornado azules, azul, azul, tiene que ser azul… Me acerca hacia su orilla, y a veces, me dan miedo todos sus bordes, porque sacan de mí una parte que no conocía de mis adentros. 

¿Qué me hace que me transforma?

Liu Cartori

 

Nicolás Méndez & H. Sarai Santamaria

Epistolar