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Yira Buitrago Rojas

El bebé es bueno e inmediatamente aprende a disparar, el joven es bueno y aplica lo que sabe sobre disparar, el hombre es bueno y perfecciona el arte de disparar, el anciano muere en medio del disparo y no por la bala, sino por el anuncio. 

— Lamento ser hombre y disparar a mi hermano.

— Retumban las voces certeras en medio del pasillo.

— Lamento ser hombre y morir, lamento nacer.

— Retumban las voces bajo tierra.

Pero ¿qué es? Disparo un beso, una mirada, sangre, sudor, acero. ¿Qué es? En 340 m/s me impacta la vida y me deshace, su mirada, la bala. Me impacta en la cabeza, un beso. Comienza a derramarse, la sangre que se mezcla con sudor. El sujeto no llora por dolor, es amor; se presenta la vida en color. 

En medio de la capital, del campo, del bosque resuena la voz del sujeto que recibe el golpe de una mirada, un beso, una bala. Cae al piso inmediatamente, siente como si se le hubiese quemado el corazón. 

Los sujetos no son buenos ni malos por disparar, por amar. Se jactan de acción, de presión y emoción. Sobreviven el entorno, la violencia y el amor. 

 
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Yira Buitrago Rojas